A través de su arte, Yayoi Kusama intenta curar las heridas de su infancia, que paradójicamente se han convertido en su marca registrada. Cuando regresó a Japón en 1973, instaló su estudio en un hospital psiquiátrico, y obtuvo el tan buscado y merecido reconocimiento.
El rechazo del uniforme
En pocas palabras, el Japón imperial y patriarcal de la década de 1930 sofoca a la joven Yayoi Kusama, nacida el 22 de marzo de 1929 en una familia acomodada, donde dan prioridad a los negocios y las convenciones y dejan a un lado el interés artístico el cual los más jóvenes de la familia manifiestan a una temprana edad.

Cuando estalla la Guerra del Pacífico, después del ataque japonés a Pearl Harbor a fines de 1941, Yayoi Kusama, como muchos otros niños de su edad, tuvo que participar, como parte del esfuerzo colectivo, trabajando en una fábrica de textiles en la región de Nagano, reconvertida en una fábrica de paracaídas y uniformes militares. En el tiempo que le sobraba de su monótono trabajo y del colegio de niñas al que acudía en su ciudad natal (Matsumoto), lo pasaba dibujando tanto para escapar de este tedioso ambiente como para librarse de las alucinaciones, que más tarde confesó que tenía desde los 10 años: veo lunares rojos en todas partes, un elemento palpitante que se traslada de un mantel o un trapo de cocina a todo el universo.

Estos puntos que, según los expertos simbolizan su rechazo a la estandarización, estarán presentes durante toda su obra bajo el concepto de "Self Obliteration" (Auto Obliteración). Yayoi Kusama tenía solo 16 años cuando presentó sus primeros dibujos y pinturas en una exposición dedicada al arte regional, en la que ganó el concurso. Al final de la guerra, continuó sus estudios en Kioto, en la escuela secundaria Hiyoshigaoka, donde profundizó sus conocimientos de la pintura japonesa tradicional y moderna.

Su carrera como artista era prometedora, como lo demostró el éxito de su primera exposición individual en Matsumoto en 1952, sin embargo sus padres , su madre especialmente, intentaba desviarla de su vocación potenciando así el carácter rebelde de Yayoi y precipitando su "exilio" a los Estados Unidos.
En suelo americano

Yayoi Kusama se mudó a América, primero vivió en Seattle , gracias en particular al apoyo de la pintora Georgia O'Keeffe, pero es en la vibrante Nueva York en la que la energía desbordante de la joven japonesa encuentra su máxima expresión incluso si vive una terrible situación económica. En la "Gran Manzana" se hace amiga de artistas de vanguardia como: Jasper Johns, Yves Klein, Piero Manzoni, Andy Warhol, Mark Rothko y, en particular de Donald Judd, afiliado al estudio que desarrollará la artista en 1961.

Yayoi Kusama exhibe sus fotos, pinturas, collages y otras excepcionales instalaciones , mientras desarrolla su concepto de "obliteración". Su sentido de la provocación y el ingenio de sus obras no pasan desapercibidas, ya a mediados de la década de los 60 era una figura icónica en la creciente escena artística estadounidense marcada por el Pop Art y la psicodelia.

En 1963, presenta en Gertrude Stein Gallery una de sus obras más famosas e inclasificables, "One Thousand Boat Show", dond, a través de innumerables representaciones fálicas, parece ajustar cuentas con el patriarcado y anuncia el tiempo de los “Happening” (manifestación artística multidisciplinaria).

Se suceden múltiples manifestaciones artísticas y serán titulares de portada hasta el final de esta catártica década de los años 60, con tendencia al arte corporal y a la desnudez integral. Ese mismo año, Kusama se "cuela" en la Bienal de Venecia, vertiendo en los canales de la Serenissima 1.500 bolas brillantes de su "Narcissus Garden", muestra de sus pensamientos sobre la autorrepresentación. Regresará a Venecia 27 años después, pero esta vez invitada oficialmente.
Moda y trabajos

Yayoi Kusama regresa a Japón en 1973 físicamente cansada y se va a vivir varios años a una residencia psiquiátrica donde continúa una obra que nutre de su neurosis. Incluso si en su país natal no reconocen su obra, en otras partes del mundo sus instalaciones son muy apreciadas lo que impulsó la creación de un negocio de moda que sentó las bases en los Estados Unidos.

Su ropa y accesorios se inscriben de cierta manera, en el movimiento de reproducción masiva como las imágenes de Warhol. A principios de la década del siglo XXI, además de trabajar en sus propias colecciones Kusama colabora con Louis Vuitton y Lancôme.

Durante la última década se han dedicado varias retrospectivas a la obra de Yayoi Kusama en los mejores museos internacionales, como la Tate Modern, el Museo Whitney de Arte Americano o el Centro Pompidou . En mayo de 2018, en Sotheby’s, una obra de Yayoi Kusama se vendió por 6.640.000 de euros, marcando un nuevo récord personal y convirtiendo a la artista en una de las más caras del mundo.
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