El reloj es uno de esos accesorios que nunca sucumbirán a lo digital. No hay ningún reloj de Apple con todas sus funcionalidades y diseño futurístico que supere el atractivo de las agujas y las complicaciones de un reloj clásico. De ahí que la gran demanda de relojes de pulsera de marcas importantes no sea sorprendente. Además de haberse convertido en símbolos de estatus son también una inversión segura. Sin embargo, lo que es asombroso es que no sólo los relojes de bolsillo no han pasado de moda sino que continúan siendo muy solicitados hoy en día.

Los primeros relojes de bolsillo aparecieron en el siglo XV, cuando, gracias a la invención del mecanismo de balancín, alimentación de muelles y escapes fue posible pensar en "aparatos" portátiles que se convertirían muy pronto en pequeñas joyas. Los primeros relojes sólo tenían una manecilla que indicaba la hora porque el sistema aún no era tan preciso como para marcar los minutos. Una de las primeras referencias al reloj de bolsillo se encuentra en una carta escrita en noviembre de 1462 en la que el relojero Bartolomeo Manfredi ofrecía al Marqués de Mantua Federico Gonzaga un modelo mejor que el que tenía el Duque de Módena.

Se empezaron a elaborar primero en Italia y Alemania (Peter Henlein, relojero alemán, es considerado el inventor del reloj), y a partir de 1500 la producción se extendió por toda Europa : al principio lo llevaban principalmente las damas como un colgante y durante el siglo XVII el reloj se convirtió en "reloj de bolsillo", también usado por los hombres con una cadenita de sujeción en la solapa o en la presilla del cinturón. De aquí que haya que proteger la parte frontal, la más delicada, con una especie de tapa con cierre interno y externo, de donde surgió el término descriptivo "reloj tipo cebolla".
El reloj de bolsillo ha cobrado importancia, convirtiéndose en una pieza de colección que a menudo se transforma en reliquia familiar, transmitida de abuelos a nietos, con un valor sentimental inestimable.

En 1675, el físico holandés Christiaan Huygens inventó el muelle en espiral para el tambor, introduciendo finalmente el minutero y por consiguiente una precisión cronométrica para los relojes de bolsillo. Hasta el 1800, el reloj fue un objeto de lujo, reservado exclusivamente para los nobles y adinerados. El inicio de la industrialización permitió producirlo en masa por lo que todo el mundo podía adquirir uno gracias a la variedad de sus precios. Durante el 1900, el reloj de bolsillo cambió su connotación. Mientras que en la primera mitad del siglo XIX, la miniaturización y la producción en masa hicieron posible la fabricación de relojes de bolsillo compactos y precisos lo que significó la difusión de diferentes modelos, a partir de la década de los 40 los relojes de pulsera se convirtieron en la nueva gran tendencia.

Pero esto no ha sido motivo para que el reloj de bolsillo pierda importancia, al contrario la ha ganado, convirtiéndose en un objeto de colección que a menudo se vuelve parte del legado familiar, transmitido de abuelos a nietos, con un valor sentimental inestimable. ¿Cuántos de ustedes no tiene uno guardado en el cajón, que a veces limpia y mira pensando en cómo su abuelo lo llevaba sujeto a su chaqueta? Ahí reside la belleza de los relojes de bolsillo. ¿ Y por qué no comenzar tu pequeña colección personal? Para ello te recomendamos la subasta cronometrada de Cambi la cual ofrece 76 lotes para diferentes presupuestos. La subasta estará en línea hasta el próximo 9 de abril, y la forma de pujar es muy simple, sólo tienes que registrarte y hacer tu oferta. Al mismo tiempo que la subasta dedicada a los relojes, también sacan a la venta una selección de alfombras (hasta el 27 de marzo) y otra subasta dedicada a pinturas del siglo XIX y XX (hasta el 31 de marzo).



