Lucie Rie nació el 16 de marzo de 1902 en Viena, en ese momento capital de la monarquía austro-húngara. Su padre, el Dr. Benjamin Gomperz, era seguidor de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. A la edad de 20 años, bajo la influencia de un tío apasionado por el arte y la arqueología, Lucie estudió cerámica en la Kunstgewerbeschule, la escuela de artes y oficios de su ciudad natal. Durante estos años contribuyó a la fama del movimiento de los Talleres de Viena, precursor del diseño moderno, es decir, de la Bauhaus y el Art Deco, que reunió a innovadores arquitectos, estilistas, diseñadores gráficos, artistas y ceramistas.
En este contexto, su obra, a pesar de estar inspirada en las antiguas formas, pronto despegó y en 1925 la artista presentó sus primeras creaciones en la Exposición Internacional de 1937 en París, donde ganó una medalla de plata, la primera de una larga serie de premios y galardones.

Huyendo del régimen nazi, Lucie se separó de su marido Hans Rie - con el que se había casado en Viena diez años antes - y se mudó a Londres al año siguiente. Para ganarse la vida en su nueva tierra, comenzó a producir botones y joyas de cerámica, que vendía a los diseñadores de la ciudad. Hoy en día sus botones se exhiben en los principales museos de Inglaterra, la mayoría de ellos en el Victoria and Albert Museum de Londres.
Su estudio, un antiguo taller en el número 18 de Albion Mews cerca de Hyde Park, acogió a varios refugiados de guerra, incluyendo al físico Erwin Schödinger, un eminente contribuyente a la teoría cuántica, y Hans Coper, quien, a través del contacto con Lucie Rie, demostró ser un excelente ceramista.

Lucie Rie definió su estilo hacia el final de la guerra: una mezcla de influencias de la modernidad y la prehistoria (se dice que le impresionaron especialmente las colecciones del Neolítico y de la Edad de Bronce en el Museo Arqueológico de Avebury, en el sur de Inglaterra), caracterizadas por la búsqueda de la pureza y el retorno a lo esencial. La austeridad y rigor asociados a su obra única eran también las principales características de su personalidad, y sus alumnos de la Escuela de Arte de Camberwell, donde enseñó a partir de 1960, se convirtieron en el blanco de su despiadada honestidad.

Anteponiendo la investigación e independencia a las tendencias y expectativas de su círculo, al que pertenecía Bernard Leach, figura clave de la cerámica inglesa de mediados del siglo XX, y Hans Coper, que se dedicaba a creaciones más bien monumentales, Lucie Rie diseñaba sobre todo objetos discretos: jarrones, botellas y tazas de té con superficies rústicas, a veces con colores brillantes y vivos, que ponían de relieve las técnicas de esgrafiado y nériage. La aparente fragilidad de sus creaciones a menudo contrastaba con la sólida apariencia del gres.

A pesar de sufrir numerosos ataques cardíacos, Lucie trabajó hasta los 90 años apróximadamente. Trabajadora incansable, su dedicación fue ampliamente reconocida con premios en su país de adopción. Nombrada OBE (Orden del Imperio Británico) en 1968, fue ascendida a Dama en 1991. También recibió dos doctorados honorarios del Royal College of Art de Londres y de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, Escocia.

En la última parte de su vida, por un lado su cerámica se acercaba a la pureza del formalismo asiático (el diseñador de moda Issey Miyake era uno de sus amigos más cercanos) y por otro lado se vió desgastada por siglos de exposición a los elementos naturales, fue expuesta en museos de todo el mundo, como el MoMA de Nueva York, el Carnegie Museum de Pittsburgh, el Museo Paisley de Escocia y, por supuesto, otras instituciones inglesas .El Victoria y Albert Museum recreó su estudio de Albion Mews tras su muerte en 1995.

Hoy en día sus obras tienen el mismo valor que las de Hans Coper. Apreciada por los coleccionistas americanos, británicos, europeos y japoneses, sus precios alcanzan miles de dólares.
Simple pero severa tanto en su arte como en su vida cotidiana, la ceramista, cuyo número de teléfono permanecía en la guía telefónica británica a pesar de su estatus de celebridad, recibía visitas de todo tipo en su estudio. La ceremonia del té, por así decirlo, "sin demasiadas ceremonias", sin duda acompañada de un servicio creado por ella misma.
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