Antonio Canova, Psyche reanimada por el beso del amor, 1787-1793

Entre las esculturas más adoradas de todos los tiempos, se encuentra Psique reanimada por el beso del amor de Antonio Canova, una representación atemporal del amor mitológico. La obra representa el momento previo a un beso entre los dos amantes protagonistas del Asno de oro, (una novela latina) mientras se miran con erotismo y ternura antes de que sus labios se rocen. Cupido sostiene delicadamente a Psique cubriendo su pecho, mientras ella lo envuelve con sus brazos tocándole el pelo. Sus cuerpos, modelados en mármol parecen convertirse en carne y hueso. Canova recibió este encargo en 1788 por el coronel John Campbell y se inspiró en una escena de un fresco de Herculano que representaba a una bacante abrazada por un fauno. La escultura se encuentra en la actualidad en el Museo del Louvre y hay una segunda copia en el Museo del Ermitage de San Petersburgo.
Francesco Hayez, El beso, 1859

Otra obra famosa que representa a dos amantes es Il Bacio de Francesco Hayez, considerado el símbolo del arte romántico italiano. Ambientada en un escenario medieval, la escena está llena de pasión y sugiere una cierta tensión. El beso entre los dos amantes es sensual, el hombre sostiene el rostro de la chica entre sus manos, mientras ella se vuelve hacia él. Pero el hombre revela cierta inquietud, visible en su pose y además, una inquietante sombra aparece en la parte inferior. ¿Es en realidad un beso de despedida? ¿Después de este encuentro la chica se quedará sola afligida por la melancolía y la tristeza? La obra está llena de significados alegóricos que aluden a los ideales patrióticos del Risorgimento (la reunificación italiana de a mediados del siglo XIX). Existen otras tres versiones creadas por Francesco Hayez.
Edvard Munch, El beso junto a la ventana, 1892

Un beso expresionista, en tonos azules fríos, es El beso junto a la ventana de Edvard Munch, que forma parte de un grupo de obras conocido como The Frieze of Life. Los dos amantes son irreconocibles, sus rostros están ocultos y el abrazo entre los dos ocupa la parte derecha del cuadro quedando en un segundo plano comparado con la vista del camino que se vislumbra desde la ventana. La pareja no se muestra ternura, aunque el abrazo sea sensual no es alegre. Parece más bien que tienen una lucha interna más que un vínculo amoroso. Munch representa, por lo tanto, la otra cara del amor: la tensión y el miedo a amar, sentimientos ligados con la vida personal del creador. La obra se encuentra en el National Museet de Oslo.
Gustav Klimt, El beso, 1907-1908

El beso más famoso de la historia del arte es el de Gustav Klimt. Pintado entre 1907 y 1908, durante la edad de oro del pintor, esta obra es un verdadero himno al amor como idilio. Los dos amantes se acurrucan y se dejan llevar por un beso intenso en un lugar indefinido: ellos son el único centro de la escena. La mujer sumergida en el abrazo tiene una expresión delicada y dulce, mientras que su pareja le abraza protegiéndola. Con este trabajo, Klimt quería glorificar el poder del erotismo, amplificándolo con el uso del oro y la rica decoración típica del estilo Liberty. El beso de Klimt no es solo un manifiesto del amor sino también del arte secesionista vienés y la Belle Époque. Se encuentra en el Österreichische Galerie Belvedere en Viena.
Egon Schiele, El Abrazo, 1917

Un abrazo lleno de emoción y expresividad, dos cuerpos desnudos vistos desde arriba, acostados sobre una sábana blanca. La pareja se abraza como si tuviera miedo de perderse o temiera tener que separarse, especialmente el hombre que se aferra a su compañera, quien parece abrazarlo en un intento de consuelo. Las figuras son tensas y decididas, marcadas por las típicas líneas oscuras de Egon Schiele, mientras que el color de su piel tiende hacia el amarillo, dando la sensación de cuerpos demacrados y representados en su fragilidad. Es el año 1917 cuando Schiele pinta "El abrazo": la Primera Guerra Mundial está llegando a su fin y el Imperio austrohúngaro está en plena descomposición, por lo que la obra también tiene un sentido simbólico de representación de la caducidad de la existencia. El cuadro se encuentra en la Galería Belvedere de Austria en Viena.
Henri de Toulouse-Lautrec, Beso en la cama, c. 1892-1893

Si hay un artista cuya obra simboliza la vida bohemia parisina, es la de Henri Toulouse-Lautrec. Conocido como el pintor que documentó la vida nocturna de la capital francesa, también se distinguió como diseñador de hermosos carteles producidos con la técnica de la litografía. En esta obra que representa un tierno abrazo, nos revela la pasión por el amor femenino. La obra Beso en la cama captura a dos jóvenes, dos supuestas prostitutas, compartiendo un momento íntimo. Toulouse-Lautrec produjo una serie de trabajos sobre el tema, explorando la relación emocional y física entre dos mujeres.
Jean-Honoré Fragonard, El beso secreto, c. 1780

En Le Baiser à la secrete (El beso secreto), Jean-Honoré Fragonard crea una escena de amor clandestino. Un joven besa furtivamente a una chica que va a buscar un chal a un tocador. La mujer se inclina ligeramente, pero no le devuelve el beso y tiene un cierto aire de preocupación. Se encuentra por un momento alejada de los modales de la sociedad en la que vive, ésto está simbolizado por la puerta entreabierta a la derecha. La obra se conserva en el Museo del Ermitage en Rusia.
Auguste Rodin, El beso, 1882
Probablemente la más famosa y omnipresente escultura que se ha realizado jamás de un beso. El Beso de Rodin estaba destinada a representar a dos amantes prohibidos del Infierno de Dante. Originalmente formaba parte de la gran escultura en relieve Las Puertas del Infierno, encargada por la Dirección de Bellas Artes en 1880, pero más tarde se convertiría en una pieza independiente y de tamaño real junto con otras obras con una variedad de materiales; mármol bronce y yeso.
Versión actualizada de un artículo previamente publicado en 2020.



