Todo comenzó en Vallauris en 1946, durante la exposición anual de alfareros. Picasso se encuentra con un par de artesanos que son dueños de una fábrica de cerámica, Suzanne y Georges Ramié, quienes pronto lo introducirán en esta nueva práctica y le permitirán realizar sus primeras pruebas de cerámica en su taller: el Taller de Madoura.

La exploración de estas nuevas texturas, materiales y colores es como un patio de recreo para Picasso, quien se sorprende por la plasticidad de la tierra y el riguroso proceso de cocción. El brillo de los barnices y los colores brillantes del esmalte le ofrecen nuevas perspectivas plásticas.
Es el escultor Michel Sima, también establecido en Vallauris (Picasso se mudará allí en 1948), quien decide llevarlo al Taller de Madoura, para mostrarle el funcionamiento.

"Durante unos días desaparecí, así que Picasso se sorprendió de no verme, pero volví al poco a Vallauris (...) Trabajé mucho. Subimos a Vallauris y le enseñé la cerámica". Michel Sima
Tras más de 4.000 obras originales, Picasso abraza la cerámica como ninguna otra especialidad anterior. No considera la técnica como un arte menor y le dedica el mismo proceso creativo que para sus pinturas. Investiga, explora, se hunde en la tierra a medida que se hunde en el bronce, usa los soportes más inusuales y decora plato tras plato con los temas que más le gustan (faunos, pájaros, toreros, retratos de mujeres ...).

Después de haber producido innumerables piezas en el Taller de Madoura junto a Suzanne Ramié, Picasso se convierte en su artista exclusivo, un título que se formalizará con un contrato firmado por ambas partes en 1967.
Según la voluntad expresa del artista, se han reeditado algunas piezas de cerámica, que van desde 25 hasta 500 copias por serie. Picasso las eligió cuidadosamente, con la ayuda de la pareja Ramié, tanto los 633 modelos, como el número de impresiones que se producirían de cada una y confió la distribución exclusiva de las obras al Taller de Madoura.

Si la cerámica es al principio "doméstica", con Picasso sufre una transformación hacia una dimensión artística, donde la función utilitaria ocupa el segundo lugar, en favor del valor decorativo o estético. El mismo Picasso quería que algunas de sus creaciones tuvieran un uso diario, como le dijo a André Malraux: "Hice platos, podemos comer en ellos".
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Texto traducido por Ana Isabel Escriche del artículo escrito por Laurianne Simonin del equipo editorial Barnebys Francia.