Inicios

Jenny Saville nació el 7 de mayo de 1970 en Cambridge, se graduó en la Escuela de Arte de Glasgow. Fue descubierta en 1993 por el comerciante de arte Charles Saatchi, que adquirió todos sus trabajos de graduación. Sus pinturas eran un tanto excéntricas, principalmente desnudos sin tabúes. Pintadas entre Escocia y Estados Unidos mientras asistía a clases en la Universidad de Cincinnati fueron fruto de la experiencia vivida en el país de la comida basura, donde descubrió su pasión artística por las personas voluminosas, protagonistas de la mayoría de sus pinturas.
Influencia de Picasso

Jenny Saville pronto empezó a exponer en galerías de Londres y su fama fue en aumento en la década de los 90 convirtiéndose en una de las figuras emblemáticas del movimiento Young British Artists, que en ese momento reunía a unos 40 artistas plásticos “turbulentos” del Reino Unido, incluyendo a Damien Hirst y Rachel Whiteread.

Sus obras, a menudo creadas en formato panorámico o en grandes formatos en su estudio de Londres o de Palermo, revelan una variedad de influencias como el trabajo de la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman. Pero también en los grandes pintores clásicos como Picasso y Rembrandt. Otras fuentes de inspiración ,que no tienen nada que ver con el arte, contribuyen a la originalidad de sus pinturas como las imágenes medicales y cirugía plástica, que descubrió al asistir a las sesiones con el doctor Barry Martin Weintraub en Nueva York.
Puedes leer más sobre la obra de Cindy Sherman en nuestro artículo dedicado a su trabajo.

De estas varaidas fuentes de inspiración, la artista escocesa ha creado su propio universo, destacando los retratos y las pinturas al óleo de grandes pinceladas, donde se transgrede la prohibición al dándole a la carne un lugar sobresaliente, a los cuerpos obesos, moribundos, transexuales ... En resumen, todos aquellos que no tuvieron cabida en el arte “políticamente” correcto.
Cuerpos enormes, hinchados y deformes

Con frecuencia, sus desnudos se revelan con detalles desagradables y cuestionan al espectador, especialmente sobre los límites de lo presentable induciendo a reflexionar sobre los tormentos de nuestra sociedad y las heridas de alma. Estas pinturas también dinamitan todas las nociones convencionales e históricas de la belleza, como siempre ha sido representada en el arte, es decir, a través del prisma de siluetas idealizadas, con curvas armoniosas y una piel suave.

Algunos llegan a ver en sus obras una crítica de la opinión de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres. Una mirada tiránica de esta feminista convencida, como lo demuestran sus desnudos más grandes, que a menudo están marcados con rotulador negro, como un cirujano que dibuja en el cuerpo las áreas que pretende liposuccionar o remodelar con el bisturí.

Otra particularidad de las pinturas de Jenny Saville, además del hecho de que son sistemáticamente monumentales, es su alcance autobiográfico. Perseguida por el deseo de ser un objeto de su propio enfoque artístico, la artista nunca ha dudado en exponer su intimidad. Lo que hace en algunas de sus obras donde su avatar aparece desfigurado o su cuerpo presionado contra una placa de vidrio.
Jenny Saville: la leyenda viva

A punto de cumplir cincuenta años, Jenny Saville es miembro de la Royal Academy y continúa exhibiendo sus obras en las galerías más famosas del mundo, a medio camino entre la abstracción y la figuración. No es raro que sus creaciones compartan sala con obras de pintores clásicos del siglo XX, como Egon Schiele en el Kunsthaus de Zúrich en 2015, Lucian Freud o Francis Bacon, a los que muchos críticos se refieren a ella como su heredera. Tanto por su forma de pintar la ambigüedad de la carne como en el encuadre en primer plano.

Una línea artística que promete a la artista la posteridad y una especulación insospechada, como lo muestra Propped, un autorretrato de 182.9 cm por 213.4 cm. de altura, realizado cuando ella era estudiante y que inicialmente se estimó en unos 4’5 millones de euros por el coleccionista que lo tenía en su poder, David Teiger. En octubre pasado, este trabajo, que ofrece la visión de una mujer opulenta sentada en un taburete, rompió todos los récords al ser comprada por 11 millones de euros por Helena Newman, presidenta de Sotheby’s Europa. Una cantidad excepcional que convierte a Jenny Saville en la artista viva más cara del mundo.
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Artículo escrito por Ana Isabel Escriche del equipo editorial Barnebys España.

