Procedencia

La documentación del Archivo del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) que acompaña la obra, demuestra el periplo que este Ecce Homo atribuido a Bartolomé Esteban Murillo sufrió entre 1937 y 1940. En plena Guerra Civil Española, el 26 de julio de 1937, la pintura de Murillo fue incautada, para posteriormente, el 28 de agosto de 1940, ser ubicada en el Depósito del Museo del Prado de Madrid. Finalizada la guerra, la Comisión General al Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional la entregaría al primo del rey Alfonso XIII: el IV Duque consorte de Sevilla, Francisco de Paula de Borbón y La Torre. Desde entonces y hasta ahora, el Ecce Homo atribuido a Bartolomé Esteban Murillo ha permanecido en una colección privada madrileña.

Hay constancia de que por lo menos existen otras 8 versiones más de este Ecce Homo de Bartolomé Esteban Murillo. Las pinturas están repartidas en colecciones por todo el mundo como por ejemplo: en Estados Unidos donde se conserva un cuadro en Heckscher Museum of Art de Huntington (Nueva York) o en Gibsonia (Pensilvania), otras dos pinturas se encuentran en Montreal (Canadá) y en La Habana (Cuba), mientras que en Europa se conservan 3 versiones en el Reino Unido; una en Oldland Common, otra en Preston y la última en Richmond.

La obra

Todas las obras siguen un minucioso y estudiado patrón donde está presente la maestría de Murillo, se sabe que algunos de los cuadros fueron realizados por la mano del propio artista y otras pinturas por Murillo con la ayuda de sus obradores y otras fueron realizadas por sus discípulos. El “Ecce Homo” que saldrá a subasta en Catawiki, ha sido atribuido a Bartolomé Esteban Murillo y su taller, por el Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla: Enrique Valdivieso. La técnica y el estilo de Bartolomé Esteban Murillo están presentes en este Ecce Homo, donde son visibles, por ejemplo, unas delicadas pinceladas en la musculatura del torso del cuerpo de Cristo que Murillo supo realizar magníficamente.

La obra del maestro sevillano fue realizada durante la época de madurez y muestra sutiles contrastes gracias al uso del color y de la luz que definen el cuerpo de Jesús y todo lo que envuelve ese momento. Murillo utiliza los elementos iconográficos habituales en la representación del Ecce Homo, como son la corona de espinas, la túnica roja y la vara de caña que se representa entre las manos de Jesús, a modo de cetro, pero al mismo tiempo, Murillo hace su propia interpretación humanizando la imagen representada, haciendo de ella, un objeto de profunda devoción.

El pintor quizás inspirándose en el Ecce Homo de Tiziano, que actualmente se conserva en el Museo del Prado, fue capaz de captar las diferentes texturas representadas en el Ecce Homo; desde la suavidad de la piel hasta la rugosidad de las cuerdas y nudos que sujetan las muñecas de Cristo o bien, representar la agresividad de la corona de espinas, sin olvidar también que se percibe magistralmente la emoción contenida en el rostro de Cristo. Jesús en estado de profunda introspección mira hacia un lado y hacia abajo, aceptando su terrible destino y el artista sevillano, trabajando con los contrastes de luz y color, plasma en el lienzo justo ese instante único.

Estado de conservación

El examen visual de la obra y los resultados de las técnicas de diagnóstico no destructivo (TND) confirman el buen estado de conservación de esta pintura al óleo. Las radiografías realizadas en el Centre de Restauració de Béns Mobles de la Generalitat de Catalunya (CRBMC) de Valldoreix, aportan importante información acerca del soporte de la obra atribuida a Murillo, desde el modo de fabricación hasta el estado de conservación del mismo. Se trata de una tela de lino o fibra similar (cáñamo, yute o ramio) de ligamento tafetán tejido de forma artesanal, con la trama irregular y que presenta un importante engrosamiento de los hilos de trama, algo habitual en la Escuela Sevillana (que a veces buscaba expresamente esas irregularidades en el tejido).

Las macrofotografías y fotografías digitales realizadas mediante radiación ultravioleta (UV) y luz infrarroja muestran pequeños repintes en el manto o en el pecho de Cristo, así como craquelados de la superficie pictórica en diferentes zonas, que no son visibles a simple vista. El estudio ha determinado el buen estado de la obra y certifica que no sufre graves problemas de conservación. El estudio de materiales realizados por el CAEM en diciembre del 2017, a partir de micromuestras de pigmentos y del lienzo, con la técnica de la fotografía infrarroja de luz transmitida (IRT) datan la obra en el siglo XVII siendo seguramente la pintura del Ecce Homo de Bartolomé Esteban Murillo más antigua que se conserva y hace pensar que la obra realizada con marcados contornos de la espalda y brazos, tal vez se pudo ejecutarse copiando directamente de un modelo original al natural.

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