Desde el siglo XVI los artistas se inspiraron en las gestas heroicas de militares o en el porte autoritario de terratenientes, para que en sus pinturas, el caballo también fuera el protagonista.

 

Hasta mediados del siglo XX, los caballos formaban parte de la vida cotidiana: carruajes, monturas, paseos bucólicos por magníficos paisajes o batallas sangrientas. Era el "medio de transporte" más versátil, ya que era utilizado en el campo, pequeñas poblaciones y también poblaba las grandes ciudades.

Los nobles caballos eran símbolo de estatus social, ya fuera por el número que engrosaran las caballerizas o por la pureza de sangre que a la Alta Sociedad le gustaba enseñar a los demás.

En el norte de la ciudad de Roma, en el Monte Pincio, se realizaba regularmente un desfile llamado Corso. Los ciudadanos adinerados de la Ciudad Eterna mostraban sus mejores ropas, carruajes y caballos, en un espectáculo sin igual. Cuando Max Liebermann estuvo en Roma en el año 1911, inmortalizó este evento. En total Liebermann pintaría seis versiones de este espectáculo, la última, alrededor de 1930/32, pocos años antes de su muerte.

Mientras pintores como Max Liebermann y Lesser Ury se mantenían muy fieles a la realidad en sus obras con animales, Franz Marc dio varios pasos más allá e hizo una "animalización" de su arte, encontrando así, su propio estilo en el camino hacia la abstracción. A Marc no le importaba utilizar un esquema de color realista, los colores eran para él solo un personaje simbólico. En su obra se centraba en la forma del cuerpo del animal, así como en la vida interior de la criatura y la capacidad de representarlos en armonía, junto al paisaje.

El gran equino de la escultora Renée Sintenis sirve de refugio también a la artista; un refugio de la vida y del hombre. Los caballos y potros habían sido los compañeros de juegos favoritos de la artista, amante de la naturaleza durante su infancia. Más tarde, durante su carrera como escultora, también fueron éstos los protagonistas en los que centraría su trabajo.

Renée Sintenis está considerada una de las mejores escultoras de animales de su tiempo, pero los bronces que Sintenis creó de los caballos, también muestran el gran apego por los animales que sentía la artista y que consideraba como almas gemelas.

Marc Chagall usa el simbolismo en la obra Les mariés dans le ciel fleuri. La pareja de enamorados que se enfrentan entre sí, en perfecto amor, escapan de las ataduras terrenales para flotar juntas en la libertad del futuro común aún desconocido. El símbolo de la libertad es el caballo, que lleva a los amantes al cielo, así como la Torre Eiffel, que gira ligeramente hacia los dos.

El paisaje pintado por Gabriele Münter no describe la huida hacia lo desconocido, pero puede, sin embargo, significar algún tipo de libertad. En 1951, Münter pudo contemplar este paisaje en Staffelsee, cerca de Murnau. Esta aparente tranquilidad, le había sido negada a la artista por un largo tiempo. Münter había vivido allí con su ex compañero Wassily Kandinsky antes de la Primera Guerra Mundial. Después de la dolorosa separación, apenas podía soportar estancias en la casa anteriormente compartida. Su desarrollo posterior como artista y un nuevo amor finalmente le permiten resolver el pasado y reconocer a Murnau como su auténtico hogar.

Todas las obras presentadas serán subastadas como parte de la subasta de otoño de la casa de subastas Grisebach. Las subastas tendrán lugar entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre e incluirán arte del siglo XIX, arte y fotografía moderna y contemporánea, así como artesanía y joyería. Con más de 60 lotes, el importante orfebre y platero Emil Lettré, también estará bien representado.

El 1 de diciembre, se llevará a cabo una subasta de caridad en beneficio de la Fundación Kanyany como parte de los eventos de otoño, cuyas ganancias se utilizarán para promover la educación de los niños en los campamentos de refugiados sirios. Se subastaran obras de Ai Weiwei, Rosemarie Trockel, Gregor Hildebrandt y Jeff Elrod.

Puedes consultar el catálogo de Grisebach, aquí en Barnebys.

Comentario