El Rey Luis XV (1715 - 1774) heredó el trono de Francia de su bisabuelo a la edad de 5 años. El joven monarca había venido al mundo en el suntuoso Palacio de Versalles rodeado de toda la fastuosidad de la corte francesa, tanto decorativa como ideológica. El lema escrito por el ilustrado Jacques Bénigne Bossuet (1627 - 1704): “La autoridad real es absoluta”, que justificaba el absolutismo de su antecesor, el Rey Luis XIV, allanaba el camino al heredero.

Luis XV fue coronado en Reims el 25 de octubre de 1722 a los 12 años de edad y era costumbre que presidiera las sesiones extraordinarias del Parlamento de París recostado en una cama adornada con cojines. El gusto parisino revolucionó el mundo del arte del siglo XVIII, nacía una nueva estética y un sincero interés por la pintura y la escultura. En 1737 aparecieron las exposiciones bienales, conocidas con el nombre de “salones”, que organizaba regularmente la Real Academia de Pintura y Escultura.

El público que acudía a visitar las exposiciones para disfrutar del arte, también podían juzgar y opinar sobre la calidad de las obras y el talento de los artistas que exponían. Nacía la figura del crítico de arte en la figura del filósofo Denis Diderot (1713 - 1784) quien daba cuenta de todo lo que acontecía en los salones en su correspondencia literaria.

En 1764 el escritor alemán Johann Joachim Winckelmann (1717 – 1768) escribía el primer libro sobre la historia del arte titulado: Historia del arte de la Antigüedad. Atrás quedaba el clasicismo, nacía el rococó donde había cabida para los gestos de expresividad del cuerpo humano, y también para representar la sutil nitidez de los sentimientos. El término rococó fue acuñado a finales del siglo XVIII, gracias a la mezcla de dos palabras: la francesa rocaille (rocalla) y la italiana baroco (barroco).

El estilo rococó también es conocido con el nombre de “estilo Luis XV” y se convertiría en un “arte cortesano”. El estilo rococó destaca por sus complicadas formas ornamentales inspiradas en la frondosidad de la naturaleza y en los movimientos curvilíneos y sinuosos de la vegetación. Además del uso de la luz, el color claro y la delicadeza de las ornamentaciones, había cabida para escenas inocentes, intimistas, escenas con altas dosis de sensualidad e intimidad e incluso mitología. Se abandonaba la oscuridad y las representaciones religiosas para dar cabida a la representación artística de la vida social de la época, sobre todo de la vida de la aristocracia y de la burguesía.

Primero desde Francia y después desde Italia, el rococó caló hondo en la realeza y en la alta sociedad que adoptaban encantados el nuevo estilo. El rococó llegaría al recién constituido Imperio austríaco y a la zona católica de los Estados alemanes del sur (Baviera y Renania) con ciertas variantes concretas. En Francia, por ejemplo, la mayoría de pinturas de estilo rococó (conocidas como Pintura Galante) eran pintadas con la técnica pastel. En Italia y concretamente en Venecia, los pintores del rococó protagonistas fueron Giovanni Battista Tiepolo (1696 - 1770), Giovanni Antonio Canal, más conocido como Canaletto (1697 – 1768), Francesco Guardi (1712 – 1793) o Bernardo Bellotto (1721 – 1780) se decantaban por pintar paisajes urbanos, las llamadas vedute.

Algunos de los artistas representantes del estilo rococó fueron: Jean Antoine Watteau (1684 – 1721), Nicolas Pineau (1684–1754), François de Cuvilliés (1695 - 1768), Juste-Auréle Meissonier (1695 – 1750), François Boucher (1703 – 1770), Jean Baptiste Perronneau (1715 – 1783), Luis González Velázquez (1715 - 1763), Jean Baptiste Greuze (1725 – 1805), Thomas Gainsborough (1727–1788), Jean Honoré Fragonard (1732 – 1806), Mariano Salvador Maella Pérez (1739 - 1819) y Luis Paret y Alcázar (1746 – 1799).

En la escultura destacaron las obras de: Giacomo Serpotta (1656 - 1732), Robert Le Lorrain (1666 - 1743), Filippo della Valle (1698 – 1768), Edmé Bouchardon (1698 - 1762), Pietro Bracci (1704 – 1762), Francesco Queirolo (1704 – 1762), Jean Baptiste Il Lemoyne (1704 – 1778), Jean Baptiste Pigalle (1714 – 1785), Étienne Maurice Falconet (1716 – 1791), Augustin Pajou (1730 – 1809) y Claude Michel, también conocido como Michel Clodion (1738 - 1814).

El mobiliario rococó destacaría por superficies embarnizadas decoradas con marquetería de bronce. Los diseñadores de muebles destacados de esta época eran ebanistas parisinos con raíces alemanas. Algunos de los más importantes fueron: Antoine-Robert Gaudreaux (1680 –1746), Charles Cressent (1685 – 1768), Jean-Pierre Latz (1691 - 1754), Bernard II van Risamburgh, también conocido como Bernard van Risen Burgh (1700 – 1760), Thomas Johnson (1714 – 1778), Thomas Chippendale (1718 – 1779) y Jean-François Oeben también conocido como Johann Franz Oeben (1721 - 1763). La tendencia general del rococó favorecía el lujo y el confort, los muebles se tapizaban por primera vez para proporcionar una comodidad inimaginable hasta entonces.

El rococó se aplicó en muebles y objetos decorativos como la plata y las figuras de porcelana destacando la porcelana producida en Francia como la Porcelana de Chantilly o la Porcelana de Sèvres (el diseñador de muebles Bernard van Risen Burgh incorporaría piezas de Porcelana de Sèvres en sus muebles). La porcelana típica de época rococó se realizaba con ornamentaciones sobre fondo blanco, paulatinamente se impregnaría de un toque exótico con influencias del arte chino. El rococó llegaría a su declive alrededor de 1760 para llegar a su desaparición en 1780 cuando es reemplazado por el estilo neoclásico.

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