Para quienes no la conocen, Charlotte Perriand fue diseñadora, pero no una mediocre, fue, de hecho, una de las figuras más influyentes del siglo XX. Comenzó su carrera con solo 24 años como asistente de Le Corbusier y rápidamente se convirtió en un elemento clave del estudio: a ella se le debe la mayoría de las patentes más importantes de la compañía. La propia Perriand declaró que ella, Le Corbusier y Pierre Jeanneret eran como tres dedos de una misma mano.

Su fama no se debe solo a sus diseños, sino también a su mentalidad extremadamente progresista. Era particularmente empática y sabía que el diseño podía jugar un papel central en la búsqueda de soluciones que hicieran a la sociedad más equitativa. Al igual que Le Corbusier, creía que los objetos con los que nos rodeamos y los espacios que habitamos definen nuestro estado de ánimo. A partir de esta idea, transformó sus ideas en acciones, creando un universo imaginario de soluciones estéticas basadas en la funcionalidad y la racionalidad al servicio de un mundo mejor.

El diseño según Charlotte Perriand

Desde la publicación de la biografía de Charlotte Perriand en 1998, más y más personas han llegado a conocer los numerosos e icónicos diseños creados por la arquitecta, especialmente los del comienzo de su carrera: por ejemplo, su chaise longue todavía se encuentra entre una de las piezas de diseño más buscadas del siglo XX.

La autobiografía destaca su intelecto igualmente extraordinario, lo que la llevó a dedicarse a proyectos y productos específicos. Una de los mejores apartados del libro tiene que ver con uno de los problemas más cotidianos: el almacenamiento.

En este sentido, Perriand dijo: "¿Qué es un elemento crucial de la vida doméstica? Podemos responder de inmediato: el almacenamiento. Sin un espacio de almacenamiento bien planificado, es imposible tener espacio en tu hogar". El almacenamiento de hoy es un gran negocio. Mucho antes de que apareciera Ikea, Perriand sintió que un espacio ordenado es un elemento esencial para disminuir la ansiedad y mejorar la calidad de vida, tanto privada como profesional.

Otra cita del libro de Perriand afirma que: "Todo cambia muy rápidamente, y lo que es arte hoy, no lo será mañana. La adaptación debe ser un proceso constante, es algo que debemos reconocer y aceptar. Vivimos en un momento de transición". Como lo demuestra ampliamente su trabajo, su intención no era sugerir a los diseñadores que se dedicaran a las modas pasajeras. Por el contrario, Perriand confirmó que los diseñadores eran artistas y fue una de las primeras promotoras de la responsabilidad de los diseñadores en promover la cultura anticipando la inevitable necesidad del cambio.

Charlotte Perriand y el sexismo de su tiempo

Cuando Perriand estaba desarrollando los diseños que la harían pasar a la historia, vivía a la sombra de sus colegas masculinos. No recibió casi ninguna consideración por parte de Le Corbusier o Pierre Jeanneret, a pesar de ser responsable de muchas de sus creaciones más famosas, y de haber diseñado los interiores de numerosas comisiones públicas para su estudio. Por eso, yo, Charlotte, debería ser una lectura esencial para los coleccionistas, comerciantes y diseñadores de hoy.

A pesar del sexismo, Perriand logró mantenerse centrada en sus creaciones y cultivó las amistades de algunos de los artistas y pensadores más famosos del siglo XX, como Fernand Léger y Jean Prouvé, que reconocieron su maestría.

En su autobiografía Charlotte Perriand describe las preocupaciones existenciales con las que luchó a lo largo de su carrera y relata sus viajes alrededor del mundo, así como sus "encuentros", la palabra que prefirió para describir las experiencias que la habían llevado a hacer nuevos descubrimientos estéticos. El más famoso de ellos ocurrió después de un largo viaje a Japón: allí descubrió que los conceptos fundamentales de la filosofía Zen y la cultura japonesa estaban en línea con su visión del mundo.

Las influencias de aquella inspiración son evidentes en la Casa del té japonesa, diseñada para la sede de la UNESCO en París. El espacio y los muebles destacaban por ser formales y naturales. Los muebles deben ser útiles y estéticos, contener poco más de lo necesario para cumplir su propósito, pero lograr evocar la virtud y la profundidad de la función social para la cual fueron creados.

El legado de Perriand nos ayuda a pensar cuál es nuestra idea de un mundo hermoso y estético. Invertir en sus diseños significa comprender el aspecto esencial de su trabajo, que es la creencia de que el diseño está al servicio de un bien más amplio. En sus propias palabras diría: "en cada decisión importante hay una opción que representa la vida y ahí es donde debe caer su elección".

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