Francisco de Goya desarrolló su carrera como pintor de la corte y gracias a esa etapa se consolidó como uno de los pintores españoles más brillantes de nuestro país. En el Museo del Prado de Madrid se conservan algunas de sus obras más reconocidas pintadas durante el reinado de Carlos IV y con anterioridad, durante el reinado de Carlos III; hijo de Isabel de Farnesio de la que heredaría su predilección por coleccionar obras de arte. Carlos III fue un monarca ilustrado que se rodeó de ministros con ideas avanzadas. Fue durante la segunda mitad del siglo XVIII que en España se desarrolló el concepto de refinamiento. Gracias a los nuevos modales, las costumbres sociales que incluían tertulias, veladas, fiestas, bailes, teatros o largos paseos por la naturaleza.

Francisco de Goya se formó en Zaragoza con el pintor barroco español José Luzán y Martínez. Después de varios intentos de conseguir una beca que le fue negada, Francisco de Goya se fue a Roma con sus propios medios en 1769 para estudiar en la Academia del Dibujo hasta 1771. En 1775 se traslada a Madrid donde inicia su carrera artística en la corte, un sueño que había ambicionado desde muy joven. Sus primeros encargos fueron la confección de nueve cartones para la realización de varios tapices que debían cubrir las paredes de las salas palaciegas de El Escorial y donde se solicitaban preferentemente temas de caza. Francisco de Goya era aficionado a la caza menor de la que diría que era la «mayor diversión en todo el mundo». Aunque este “pasatiempo” en aquella época, estaba reservado a los miembros de la familia real, a los nobles y a los eclesiásticos.

Once años después, en 1786, Francisco de Goya era nombrado pintor del rey y en 1799 llegaba su nombramiento como primer pintor de cámara; cargo que designaba al pintor encargado de realizar de forma habitual los encargos artísticos de la corte del rey. Francisco de Goya sería encargado de pintar también a José Bonaparte y al Rey Fernando VII. A pesar de su larga vida en la corte real madrileña y el contacto continuo con los personajes que poblaban la más alta aristocracia de la época, Francisco de Goya no perdió contacto con sus tiempos de juventud en Zaragoza, su vida familiar o sus amistades. Ambos matices, tanto el “aristocrático” como el “personal” influirían en el desarrollo de su extensa obra.

A pesar de sus múltiples viajes y estancias, Francisco de Goya no perdió el contacto con artistas, mecenas o amigos vinculados a Zaragoza, como Martín Zapater y Clavería, amigo de la infancia con el que mantuvo correspondencia durante años y que lo retrataría en dos ocasiones: en el año 1790 y una vez más, en el año 1797 ya convertido en un notable comerciante y miembro destacado de la sociedad aragonesa. Goya mantendría relaciones personales con varios miembros de la sociedad aragonesa como con el rico comerciante Juan Martín de Goycoechea o el ilustrado Ramón de Pignatelli que de algún modo le permitían estar arraigado a su tierra.

Francisco de Goya fue contemporáneo de artistas de renombre como Mariano Salvador Maella, Luis Paret, Antonio Carnicero Mancio o Lorenzo Baldissera Tiepolo, aunque la técnica de Francisco de Goya, discernía mucho de las obras que se pintaban en el siglo XVIII. Quizás para entender su técnica pictórica debemos leer entre las líneas de su biografía.

Francisco de Goya nació en la pequeña población zaragozana de Fuendetodos y vivió con sus padres en la ciudad de Zaragoza hasta 1775. Se había casado dos años antes, en 1773, con Josefa Bayeu, hermana de una saga de pintores como Fray Manuel Bayeu, Ramón Bayeu y Francisco Bayeu, pintor de cámara de Carlos III que le invitaría a ir a Madrid para iniciar la carrera como pintor de la corte, sueño que Goya había ambicionado desde muy joven y que se hacía entonces realidad.

En el siglo XVIII una incipiente burguesía ganaba cierta relevancia, tanto en la sociedad como en el Gobierno, gracias al desarrollo de la industria y del comercio y cierta modernización del reino. Francisco de Goya no era inmune a esos cambios políticos y sociales y en muchas de sus obras puede verse personajes de las clases más humildes mezclados con la alta sociedad.

El mundo del arte recibía en el siglo XVIII el apoyo de la corona y se creaban las Academias de Bellas Artes. El mismo Francisco de Goya sería elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1780. Nombres como Miguel Jacinto Melendez, Antonio González Ruiz o pintores extranjeros como Anton Raphael Mengs, los retratistas franceses Michel-Ange Houasse, Jean Ranc y Louis-Michel Van Loo o los italianos Corrado Giaquinto o Charles-Joseph Flipart, así como Jacopo Amigoni y Luis Paret y Alcázar, junto con los arquitectos italianos Filippo Juvara y Giovanni Battista Sacchetti contratados para construir el nuevo Palacio Real, llegaban a la corte de Madrid para dotarla de modernidad y elegancia.

Hasta el 28 de mayo se puede visitar la Exposición: Goya y la corte ilustrada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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